miércoles, 11 de enero de 2012

Letra y música

Esta semana vi, creo, por 50ª vez "Letra y Música", comedia protagonizada por Drew Barrymore y Hugh Grant, y como voraz boa constrictora, cada vez que aprieto play no puedo abstraerme de su encanto, reirme de gags que espero sabiendo su desenlace y emocionarme en el instante supremo donde Alex Fletcher rompe esa barrera atada a su alma por mas de 15 años y dedica una canción compuesta íntegramente por él a la mujer que le devolvió las ganas de mirar un horizonte con metas y no vivir de un pasado feliz pero vetusto. Sophie Fischer, licenciada en letras devenida en "plantera", asoma soberbia en su rol de musa sin intención de serlo, rehusándose a pelear ante un fantasma malvado con forma de Premio Nacional de Letras, inmiscuyéndose gradualmente en pantanos personales frustantes, dejando correr los años bajo el paraguas protector de su hermana mayor  (fanática en su adolescencia ochentosa del grupo donde Fletcher se encargaba de los arreglos musicales), escribiendo sloganes en beneficio de una clínica para obesos. La aparición circunstancial de la joven en casa del músico me recuerda a eso que mi presidente del CEM repetía cada día: "estar en el lugar correcto, a la hora correcta,haciendo lo correcto"; el regar plantas de plástico por trasladar la mente hacia su verdadera naturaleza (las letras) no solo provoca un cisma entre quienes están escribiendo la canción donde Cora Corman seguirá acrecentando cual actual pulpo económico sus finanzas y vida encapsulada, sino que abrirá definitivamente la tranquera donde un sublime Grant (quien no me satisfacía en sus actuaciones, y aquí humildemente sostengo es su papel cumbre. Porque canta, baila, actúa y te transporta, si tenés más de 35, a esos años donde soñábamos con un mundo donde en su mayoría no pudimos cumplir) va enredándose conscientemente en los juegos que una genial Barrymore propone desde su escepticismo sentimental. Lo admito, me entregué a Drew, no imagino esta película sin ella, sin estar en mi Top 20 es la indicada con sus mohínes de rubia tonta, con sus arrebatos, con su insaciable apetito, con sus depresiones ante la permanente presencia mental de Sloan Cates, el adulado escritor estrella quien utilizó un romance prohibido con Sophie para lograr su obra cumbre a punto de ser llevada a Hollywood ("¿Hollywoooooooodddddddddd?", insuperable Drew). Y en ese rol no buscado adrede, va entretejiendo gradualmente como rocío otoñal un trabajo eficaz sobre el atribulado presente de Fletcher, escondido ficticiamente bajo el manto candoroso de vivir en glorias pasadas. Ese músico, si alguna vez sentiste tener el corazón roto (Salmón dixit), no puede dejar de no identificarte; al menos yo me siento así. Su soledad, su refugio definitivo en la música, su renuncia a divisar un futuro diáfano ("escribo sobre lo que me da de comer"), su lucha ganada a las adicciones, su descreimiento a instituciones cuasi religiosas, su olvido a vivir, a poner en experiencia su corazón (y perder siempre), hace que te olvides de Grant y creas fehacientemente en un Alex derrumbado, decepcionado y perdido. Es más, cuando despierta del letargo y comprueba que ese último tren no se había ido y en 72 hs pasará, definitivamente, el vagón postrero, uno siente ganas de tirarle versos, frases con el anhelante deseo de terminar la canción para que una descomunal Cora  (Haley Bennet ,futura estrella...) deleite a sus seguidores en el Madison Square Garden. En medio de insomnios, caminatas nocturnas, y duendes sobrevolando en la delgada línea del éxito y el fracaso, aparece lo mejor de la película. Las distintas miradas sobre un mismo tema, las peleas, los desencuentros, el innegable cariño mutuo, el miedo a un futuro común, decanta en diálogos sublimes, en momentos conmovedores; y esa aureola ochentosa, donde no podés dejar de recordar bandas como Duran Duran, Culture Club y Depeche Mode (aquí encarnadas en Pop!), quienes cada fin de semana te alegraban la vida en los bailes, eran el nexo de nuevas amistades, te acompañaron durante las jornadas de estudio en la pieza cuando solo existían dos FM (al menos en Mar del Plata) y 25 años después remiten en la complicidad de tus pensamientos a ciertos amores adolescentes (la magia del Facebook permite reencontrarse con aquella gente).
    Una pelea con acusaciones y caprichos mutuos lleva a  la frase que transformará la canción en futuro hit y el desenlace no visto sobre el deseo de Cora Corman de no dejarse traspasar por la avasallante arremetida en territorio estadounidense de Shakira. Y también, en la sorpresa magistral de Alex Fletcher para recuperar el amor de Sophie Fischer (quien vio la película sabe a lo que me refiero), remitiendo a esa charla post cena entre las dos hermanas acerca de lo que está dispuesto a hacer alguien cuando quiere demostrar interés por ESA persona.
   Gracias Hugh Grant por tan maravillosa actuación. No me canso de verte. Y decime como accediste a mi diario pesonal...